domingo, 2 de mayo de 2021

Discurso de Galdós previo a las Elecciones generales. Madrid, 1907

    Resulta anecdótico conocer el lugar donde Benito Pérez Galdós dará un discurso previo a las Elecciones generales de 1907. La noche del 18 de abril de aquel año se celebró un mitin en la sede del Casino Republicano de la calle Pontejos, 1. Sin lugar a duda, un espacio muy representativo y del que continuamos esperando la colocación de una placa municipal señalizando la casa de los Santa Cruz, donde vivió Jacinta.

Calle Pontejos, 1. Captura de Google maps (Localización)

"Los de Santa Cruz vivían en su casa propia de la calle de Pontejos, dando frente a la plazuela del mismo nombre; finca comprada al difunto Aparisi, uno de los socios de la Compañía de Filipinas. Ocupaban los dueños el principal, que era inmenso, con doce balcones a la calle y mucha comodidad interior.
 
    Y es curioso descubrir que en ese domicilio había estado hacia 1894 la sede del Casino Carlista y los Círculos Tradicionalista y Alemán. En aquellos tiempos, la sede del Casino Republicano se situaba en la calle del Príncipe, 12, y en 1897 ya ocupaba el principal de Pontejos, 1, donde se instalará, además, la Tertulia Republicana Progresista. 
 

 
    En 1907 el Casino ocupaba la segunda planta. Y a esta sede, una de las muchas repartidas por cada distrito, acompañarán al escritor importantes oradores del partido, los señores Morote, Castrovido, Vicenti, Calzada y Morayta. Según noticias de la prensa, Galdós leyó unas cuartillas -algo inusual en él-, recibiendo el fervoroso aplauso de la concurrencia. 
 
 
 




    Al día siguiente, Eduardo Barriobero y Herrán escribía en El País la columna titulada Los literatos en la política (A propósito de Pérez Galdós), en la que decía:
    El hecho de anteponer la representación ideológica de un voto, á la de un cerebro, retrata un estado de alma desconsolador y lamentable, porque pudiera ser un estado del alma nacional absorbida ó encanallada en los odios de facción, ó en las repugnantes luchas caciquiles. 
    Solo en España, en donde la vida intelectual tiene su campo acotado y amurallado fuera de la jurisdicción política, en donde á las funciones del Estado no concurren, porque no se les llama, los artistas ni los sabios, puede haber ocurrido que al analizar la figura de Galdós, puesta de relieve por un acto transcendental, la vista escrutadora se haya detenido en la mano emitente de una papeleta ó en los labios que guardan en estado potencial un sí ó un no, cuya cualidad subjetiva no se sabe aún si ha de ser substancial ó formal, transitoria ó definitiva, dejando en segundo término el cerebro de donde brotaron ideas que han impreso carácter á una época. 
    Todos los pueblos han tenido en cuenta que el literato es un ser complejo, en la formación de cuyo carácter entran, el sentido de la realidad, porque sin él no sabría producir la emoción estética y el elemento filosófico, del que se sirve para buscar la entraña de las cosas, lo verdadero, lo universal y trazar así la pauta para idealizar lo que de la vida recoge en sus obras. Y como el arte de gobernar consiste indudablemente en someter la vida á una observación reflexiva y minuciosa para trazar después reglas que la fijen y la conserven en sus estados normales, de aquí que en todas las edades del mundo, los pueblos hayan vuelto sus ojos á los literatos en demanda de consejos sobre el desarrollo y la práctica do este arte menospreciado y envilecido entre nosotros. 
    Los reyes de Israel todos fueron poetas; los doce Césares romanos, al decir del veracísimo Luctonio, compusieron obras de carácter literario; en la antigüedad griega, sabido es que tuvo más importancia un poema que una ley, y unos juegos florales mucho más que una de aquellas guerras heroicas; los califas orientales, con ser, como se ha dicho, á mi juicio con error, cerebros de segundo orden, se cuidaron más de las Bibliotecas públicas que de sus propios alcázares, no obstante las exigencias de sus costumbres epicúreas. Solo cuando los pueblos caen en el estado de postración que da origen al despotismo feudal, se permiten las clases directoras del orden político la indolencia de vivir en el analfabetismo más vergonzoso, y en la época feudal sabido es que mientras el gremio, la corvea y la servidumbre vestían de esparto y comían el potaje negro, por los valles y los bosques dedicábanse á la caza de la fiera ó del hombre, indistintamente, los señores biliosos, los abades panzudos y borrachos y los reyes histriones ó idiotas. Los albores de la civilización moderna rechazan á estas bestias en las leyendas y los museos, y de ellas quedan sólo en la vida los reyes, exteriores á sí mismos y ajenos al medio ambienta intelectual que comienza á crearse, invierten sus ocios, es decir sus días enteros, en tareas mecánicas; se hacen sastres como Carlos II de Inglaterra ó carpinteros como nuestro Carlos IV. 
    La revolución francesa, la verdadera revolución, la idea matriz de aquella transformación repentina en el espíritu del pueblo, cuyas conmociones lo llevaron un momento á la locura de la sangre, obra fué de literatos y filósofos, de medio ciento de libros nutridos de esa dinamita sana, consoladora, fortaleciente que supieron elaborar aquellos maravillosos alquimistas cuya generación comienza en Rabelais y concluye en Voltaire. 
    Mas bien podría decirse que no concluye, pues, en Francia, y tal vez á esto se deba su prosperidad intelectual, á la llamada aristocracia de la sangre, sucede en el gobierno la verdadera aristocracia del talento y así han llegado casi hasta nosotros, el acento solemne y los desconcertadores apostrofes de Víctor Hugo, á quien nuestros vecinos apartaron muchas veces de su labor artística para que con su genio poderoso detuviera el avance de la reacción y cortara las alas de las águilas napoleónicas, cuya voracidad ponía de nuevo en peligro las vidas y las haciendas de aquel pueblo hastiado de tiranías y de luchas sangrientas. 
    En España el talento literario no ha merecido ni aun esta confianza. Espronceda fue diputado y no encontraron sus jefes políticos tarea más tísica que encomendarle que un discurso acerca de las lanas; avergonzado sin duda de esto, se precipitó á refugiarse en los brazos de la muerte. Echegaray fue literato después de haber sido ministro. No he podido averiguar qué cosa era más difícil en aquel tiempo, si conseguir una cartera ó estrenar una obra, y así, no puedo decir si rodeó ó si tomó el atajo para llegar á donde le llamaba su vocación. En una palabra: entre nosotros, la organización esencialmente burguesa ha impuesto á las medianías, y por esto sorprende y desconcierta el que se apunte el nombre de un genio y mucho más el de un literato do genio en la lista de los que el pueblo cree llamados á regir sus destinos. 
    Claro está que si en vez de abnegación se pusiera amor propio ó espíritu de categoría en estas determinaciones, después de haber sido Maura presidente del Consejo y Sánchez Guerra y García Alix ministros, Galdós debiera de mirar con asco todo lo que significa intervención más ó menos directa en las funciones del Estado; pero además de la abnegación característica de los hombres fuertes, Galdós, como todos los artistas, tiene la costumbre de producir para el goce do los demás, y en este sentido acepta gustoso lo que, al no reunir estas condiciones, lastimaría su dignidad indudablemente. 
    Por lo que se refiere al partido, merece una felicitación cordialísima por el buen acuerdo de haber distinguido este nombre. Galdós literato podrá ser discutible, porque hoy no hay obra que resista al análisis, y porque el gusto de nuestra época está en un estado vacilante, en un estado de formación y depuración, dentro del que, necesariamente, ha de carecer de ideas concretas; pero el radicalismo debe á Galdós más que el acta de diputado y acaso más que una estatua.

 



 

Bibliografía y Cibergrafía

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "Discurso de Galdós previo a las Elecciones generales. Madrid, 1907", en https://www.benitopérezgaldós.com/

• Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
• En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
• De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de esta publicación.

 


© 2021 Eduardo Valero García


domingo, 14 de marzo de 2021

Olimpia Agosti y un paisaje para Galdós.

Recuerdo aquel breve artículo que titulé “Me llamo Fanny Crespo, y conocí a Galdós”. Entre autobiografía y añoranzas, una joven cubana contaba en 1917 detalles sobre el día en que conoció a Galdós en "San Quintín", allá por las postrimerías del siglo XIX. Acompañaba al texto una fotografía de Fanny.

Resulta entrañable -al menos para mí-, conocer a personas cercanas a Don Benito que no han tenido ninguna trascendencia en las biografías del escritor. Personas que le apreciaban y admiraban; que le ofrecían regalos cargados de afecto; que compartieron con él un breve instante de sus vidas, como Fanny y muchos otros, o como Olimpia Agosti.

 

La historia de este nuevo artículo 
Durante una llamada telefónica informal, hablando de temas de actualidad y recordando siempre a Galdós, la conversación fue centrándose en la gran cantidad de objetos pertenecientes al escritor, conservados con celo por sus herederos. 
 
Don Benito era coleccionista de todo tipo de objetos; de hecho, dedicó un interesante artículo a los apasionados por el coleccionismo en sus colaboraciones para el diario La Prensa, de Buenos Aires. Fue hacia el año 1893. 
«De todas las pasiones inofensivas de nuestra época, la mejor sin duda es el coleccionismo, que en ocasiones resulta de grande utilidad. No sé si en los siglos medios y en el Renacimiento existió la monomanía de las colecciones. Es creíble que sí. Por de pronto, las bibliotecas fruto son de aquella pasión, y fruto preciadísimo; pero no se sabe que existiese quien se pasara la vida juntando objetos de un orden caprichoso».
 
A su colección particular se suman objetos personales, recuerdos de diversas clases y valiosos regalos recibidos durante su vida. Algunos forman parte del patrimonio de la Casa-Museo Pérez Galdós y de otras instituciones y colecciones privadas. 
 
Yo también soy coleccionista; fundamentalmente por mi condición de investigador, pero también por una rareza: mi interés en mantener vivo el recuerdo de las historias anónimas que guardan los objetos antiguos. Por eso presté mucha atención cuando desde el otro lado del aparato resonó: 
 
«-Olimpia… Olimpia Agosti…» 
 
Ese era el nombre de la autora de un pequeño paisaje pintado al óleo obsequiado a Galdós. Su nombre aparece en la firma de la obra, también grabado en el lujoso marco y en la dedicatoria del reverso. 
 
 


 

 
«Al insigne novelista Pérez Galdós. 
Su admiradora y amiga 
Olimpia Agosti» 
 
Unas fotografías del cuadro y el año trazado a pincel en la firma eran todo cuanto tenía para dar con el paradero de Olimpia. ¿Quién era? ¿Cuáles sus orígenes? ¿Por qué conocía a Galdós? 
 
A continuación iremos conociendo las respuestas a tantos interrogantes. Podrían simplificarse, pero considero interesante aportar el máximo de información posible para interpretar el universo que pudo rodear a Galdós aquellas tardes estivales en "San Quintín"; momentos en que, quizás, conoció a muchas de las personas que citaré. 
 
La familia Agostí 
El apellido se encuentra escrito indistintamente Agostí o Agosti, por lo que utilizaremos el segundo, que es el más habitual y así aparece en la firma. 
 
 
El Ensayo Histórico Filológico sobre los Apellidos Castellanos, de José Godoy Alcántara (1871), indica que Agostí o Agustí son formas lemosinas de Agustín. El lemosín es un dialecto del occitano o lengua de oc. 
 
Según D. Juan Pablo Calero Delso, la familia era originaria de la región italiana de Piamonte y había llegado a España durante la invasión napoleónica.[1] Sin embargo, existen referencias de la presencia de los Agosti en España desde 1518 como estudiantes del Colegio mayor de San Clemente de los Españoles, fundado en Bolonia en el siglo XIV. En la lista de colegiales publicada en el libro El colegio de Bolonia: centón de noticias relativas a la fundación hispana de San Clemente, de D. Pedro Borrajo y Herrera y D. Hermenegildo Giner de los Ríos (1880), aparecen citados: 
«Jacobo Agosti del Castillo, Zaragoza, 18 de Marzo de 1518. Fue profesor de Digesto en 1521. Su padre Juan Agosti, que fue Colegial, llegó a ser Regente de la Chancillería de Zaragoza. A. 12, T. 5º» 
Dos grandes ramas sitúan a los Agosti en el Norte de España, principalmente en León y Asturias. También existen referencias de ramas menores en el archipiélago balear, Canarias y Valencia.
 
El tronco de las dos ramas principales que estudiaremos tiene sus orígenes en Ponferrada y Oviedo, con la alianza de los Agosti con la familia Fernández o Fernández-Alberú. De esta unión nacerán Rómulo (fallecido en la infancia), Alfredo, César y Olimpia Cándida; todos nacidos en Ponferrada. 
 
Nuestro interés está puesto en los hermanos Olimpia Cándida y César; principalmente en el segundo y su descendencia. 
 
Olimpia, un nombre arraigado en la familia 
Por los datos que conoceremos a continuación, es indudable que el nombre se perpetúa en la familia y su arraigo puede estar relacionado con el lugar del que emigraron, posiblemente Olimpia (Torino, Italia). 
 

 
En la búsqueda de datos que nos llevan a la relación de Olimpia con el cuadro que regala a Galdós, encontramos varias conexiones que ampliarían aún más la cercanía del escritor con la joven y los Agosti. Incluso Cuba tiene gran relevancia en este cruce de datos. 
 
1 – Olimpia Cándida Agosti de Acevedo 
Olimpia Cándida había nacido en Ponferrada en 1847 y falleció en León en noviembre de 1893. Estaba casada con el alcarreño Valentín Acevedo Calleja (Uceda, 1849 - Oviedo, 1931). El matrimonio tuvo cinco hijos que citaremos más adelante. 
 
Al parecer, a Olimpia Cándida le gustaba el teatro y poseía grandes dotes para la interpretación; cualidades que compartía con otros artistas del mismo apellido, posiblemente emparentadas con las ramas que nos ocupan. 
Un ejemplo es Ricardo Calvo Agostí, quien representó el papel de Rogelio en el estreno de Casandra (1910). Ricardo era hermano de María Calvo Agostí; ambos, hijos y nietos de una importante saga de actores y dramaturgos. 
 
Esta habilidad para la interpretación de Olimpia Cándida queda evidenciada en una noticia del Diario de León del 18 de enero de 1888: 
«La Pasionaria, obra maestra, del laureado poeta Leopoldo Cano, fue interpretada después por la Sra. Doña Olimpia Agosti (…) Verdadera actriz la Sra. Agosti. E inspirada siempre que se presenta en el proscenio, hizo una Petrilla llena de sentimiento, entusiasmando al público, hasta el extremo de arrancarle lágrimas y calurosos aplausos». 
En el libro Galicia, León y Asturias, de Ramón Álvarez de la Braña (1894), recopilación de artículos del autor, destacan las cartas enviadas al director de El Porvenir de León con motivo del viaje que realizó a León y Coruña para asistir a la inauguración del Ferrocarril galaico en 1883. En la correspondiente al 11 de septiembre, redactada en Ponferrada, Álvarez de la Braña dice: 
«El día de mi llegada a esta villa, dieron comienzo las festividades de la patrona Nuestra Señora de la Encina. Como todos los años, hubo fuegos artificiales, globos, corridas de cintas, bailes y funciones de teatro. Las obras dramáticas puestas en escena, fueron desempeñadas con maestría por los aficionados que tomaron parte en ellas, sobresaliendo el Sr. Agosti y la Señora de Acevedo, que estudian como verdaderos artistas los papeles que desempeñan. El teatro estuvo lo que se llama atestado de gente, entre la que vimos familias de León y Astorga». 
Este dato es interesante, pues, si bien ya sabemos que Olimpia Cándida (“Señora de Acevedo”) era una excelente actriz, parece que alguno de sus hermanos (“Sr. Agosti”) también tenía buenas dotes para la interpretación. 
 
Valentín Acevedo Calleja 
Sería una fantasía por mi parte asociar al marido de Olimpia Cándida con Don Benito Pérez Galdós, pero lo cierto es que Valentín había llegado a Madrid en septiembre de 1861, procedente de Uceda, para estudiar en el Instituto de Noviciado el Bachillerato en Artes, título que obtuvo en 1866. Después se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central para recibirse de Bachiller en 1869 y en Licenciado en Ciencias Físicas en el año 1870. 
 
Durante el Sexenio Revolucionario hizo oposiciones para profesor de Enseñanza Secundaria, obteniendo plaza en Ponferrada (1876); más tarde obtuvo cátedra en Vitoria (1881) y al poco tiempo la permutó por la misma en un Instituto de León, donde residirá hasta 1901. Al año siguiente se instalará en Oviedo para cubrir la Cátedra de Matemáticas en el Instituto de Bachillerato, del que fue su subdirector desde 1911 hasta su jubilación en 1919. 
 
Republicano y simpatizante de las ideas krausistas, Valentín saldrá por última vez de su domicilio de la calle Uría el 12 de abril de 1931 para depositar su voto en las elecciones municipales que darían paso a la Segunda República. Fallecerá en junio de ese mismo año. 
 
 

 
 
Los hijos del matrimonio Acevedo Agosti 
El matrimonio tuvo cinco hijos: Emma (1878-1967); Esther Olimpia (1880-1970); Alicia (1882-1951); Valentín (1884-1925); y Pilar (1887-?). La familia residió en León desde 1881 hasta 1901; por consiguiente, las hijas fueron famosas en la sociedad leonesa. 
Cuentan que en aquellos tiempos se decía: 
 
«Tres cosas hay en León que no hay en el mundo entero, 
La Catedral, San Isidoro y las hijas de Acevedo». 
 
Cabe destacar la unión de Emma con Rogelio Masip, catedrático del Instituto de Oviedo y diputado provincial. Su hijo, Vicente Masip Acevedo, fue alcalde de Oviedo. 
 
Olimpia contrajo matrimonio con Juan Barthe, alto funcionario de Hacienda y de gran reconocimiento en Oviedo. Una de sus hijas, Emma Barthe y Acevedo, casó con José Tartiere y Alas-Pumariño, II conde de Santa Bárbara de Lugones. 
 
Pilar se casó con José Álvarez-Buylla Godino, abogado y profesor de la Universidad de Oviedo. 
 
Alicia contraerá matrimonio con Esteban Matanzo Pérez, Capitán Juez instructor del regimiento de infantería del Príncipe, de Oviedo. 
 
Importante rama ponferradina y ovetense la de Olimpia Cándida. Ahora conoceremos la de su hermano César: ponferradina, cubana y madrileña. 
 
 
2 – César Máximo Agosti Fernández 
César Máximo había nacido en Ponferrada en 1843 y falleció en Madrid en febrero de 1922. Conocido banquero de la villa y corte, en su juventud se afincó en Cuba. Podemos decir que allí hizo fortuna y regresó a España como tantos indianos. 
 
Ya hemos hablado de su hermana Olimpia Cándida y su familia; ahora dedicaremos un breve espacio a su hermano Alfredo. 
 
Alfredo también había nacido en Ponferrada. Fue un eminente abogado, persona de gran reconocimiento que ostentó el cargo de alcalde constitucional de Ponferrada (1891) y diputado silvelista por la misma localidad (1901). Además, era muy conocido en el ambiente cultural ponferradino por su condición de poeta. 
En 1911 había publicado un pequeño librito titulado Ante el castillo de Ponferrada - Nocturno. Uno de sus versos decía: 
 
«Castillo por el tiempo derruido 
y por el hombre, que a su vez le ayuda 
con el rudo golpear de la piqueta 
a hacer escombros sus cuarteados muros, 
arrastrado por torpes egoísmos 
o de afán destructor, que nadie explica».[2] 
 
 Ya tenía publicados otros libros de poemas, entre ellos, Con motivo de la coronación de la Virgen de la Encina, Patrona del Bierzo (1908). 
 
«Yo sé bien que los pueblos a veces 
pensando en lo eterno 
a los cielos dirigen sus ojos 
y conocen de Dios el imperio: 
pero sé que los cielos responden 
tan sólo a los pueblos 
que han sabido cumplir sus deberes 
y han sabido ejercer sus derechos». 
 
En 1912 se publicará Poco o nada, obra que incluye los ya citados y otros versos, como Con motivo de los terremotos de Messina; Las almas de los dos; Yo quisiera…; Epicúrea, entre otros.
 
Alfredo falleció en Ponferrada en 1931. Una calle de esa localidad lleva su nombre. 
 
 
Sin lugar a duda, los hermanos Agosti eran cultos, de familias acomodadas y bien relacionadas con la alta sociedad. Tanto en los periódicos leoneses como santanderinos y ovetenses, quedaba plasmada su activa participación social, no sólo en fiestas y celebraciones, sino también como benefactores de los más necesitados. 
 
Volvemos al afamado banquero César Máximo. 
Este ponferradino contrajo matrimonio en Cuba con Elena Regia García-Vieta, joven de la burguesía cubana. Fruto de esta unión nacerán seis hijos, uno de ellos fallecido a los tres días de nacer.
 
Elena Regia García-Vieta 
Elena había nacido en San Juan de los Remedios, Santa Clara, Cuba, en octubre de 1857 y falleció en Madrid en marzo de 1940. 
Era hija del asturiano José Antonio García y García, nacido en 1825 en Villaviciosa, y de Elena Amalia Josefa Vieta Esquerra (San Juan de los Remedios, Santa Clara, Cuba (1827 – 1890). Esta señora era hija de Mariano Salvador Félix Vieta y Sastre, nacido en Barcelona en 1795 y de Josefa María Esquerra Pérez, nacida en San Juan de los Remedios, Santa Clara, Cuba, en 1798. Tanto José Antonio como Elena Amalia fallecieron en Cuba. 
 
Los hijos del matrimonio Agosti García-Vieta 
Elena Regia tenía hijos de un matrimonio anterior. Los hijos del matrimonio Agosti García-Vieta serán: 
 
- Concepción Olimpia (La Habana, Cuba, 8 de diciembre de 1875 – ?). Olimpia contrajo matrimonio con Jaime Losada, al parecer odontólogo o practicante de Puebla de Sanabria (Zamora). 
 
Según los datos genealógicos conocidos, fruto de esta unión fue Carlos Losada Agosti (1901 – 1980 aprox.). Quizás también -y es casi indiscutible por tradición familiar- Olimpia Losada, quien aparece en una noticia de La Voz de Asturias del 25 de diciembre de 1924 como intérprete del papel de Fausta, personaje del juguete cómico El Goya, de Muñoz Seca y Pérez Fernández. La obra se había representado el día 21 en el Teatro Victoria, de Tineo, a beneficio del Sodado Mutilado. 
 
La Casa-Museo Pérez Galdós conserva dos cartas de Olimpia dirigidas a Don Benito en 1915.
 
Carta de Olimpia de Losada (nacida Agosti). Timbrada el 10 de febrero de 1915 [3]
 
- Elena (La Habana, Cuba, 14 de enero de 1879 – ?). 
 
- Julio (La Habana, Cuba, 2 de septiembre de 1884 – ?). Fue Delegado de la Compañía Arrendataria de Petróleos, en Almería (1930). Contrajo matrimonio con Elena Romero y Ortigosa en la Capilla de San Roque (El Sardinero) en octubre de 1908. 
 
- Arturo (Madrid, 25 de octubre de 1887 – 1960). Alto funcionario del Banco Hispano Americano de Torrelavega (Cantabria). Del matrimonio con María Antonia Moreno-Elorza Comas nacerán tres hijos: María Antonia (1919 – 2000), César (1920 - ?), Arturo (1922 – 2002) y José Antonio (1929 - ?). Las conocidas dotes de interpretación de los Agosti surgen una vez más con el hijo de Arturo, el conocido actor Carlos (Arturo) Agostí
 
- María Digna de las Mercedes (Madrid, 22 de septiembre de 1888 – ?). 
 
- Justo (o Fausto) Federico (Madrid, 21 de julio de 1899 – Falleció a los tres días de nacer). 
 
Con estos datos se completa toda la información recopilada sobre la familia Agosti y las dos ramas principales. 
 
Como hemos visto, parte de la descendencia de César Agosti había nacido en La Habana. A finales de la década de los 80 del siglo XIX, la familia regresará a España y se afincará en Madrid. Pasarán los meses de verano en Santander, en el hotelito llamado “Villa Elena”, en La Magdalena, cercano a la finca “San Quintín”, propiedad de Benito Pérez Galdós. 
 
“Villa Elena”: un acercamiento a Olimpia y Galdós 
En una entrevista a Manuel Rubín publicada en El Progreso (Tenerife) de 1928, le preguntan sobre los vecinos de Galdós en San Quintín. Rubín responde: 
«Con los escasos vecinos que había entonces en el Paseo y entre los de más relación, recuerdo a don César Agostí y a don Leandro Alvear». 
 

Lamentablemente, no he localizado fotografías del hotelito “Villa Elena”, propiedad de César Máximo Agosti Fernández; pero sí conocemos algunos datos.
 
El terreno tenía una superficie aproximada de 2000 m2, parte de la cual ocupaba la vivienda y el resto correspondía a jardín, huerta, lavadero, casa del guarda y otros accesorios de la finca. 
Lindaba al Norte o frente con el Paseo de Pérez Galdós; a espaldas o Sur, con terreno segregado de la finca que había sido vendido a Carlos Quintana Trueba; entrando, al Oeste, con la finca “Petit Chalet”, de José Álvarez-Buylla (yerno de la hermana de César) y otra de Carlos Quintana, y al Este con el “Chalet Miramar”, de José Yllera, y Paseo de Pelayo. 
 
Las fotos conocidas de las vistas del palacio de La Magdalena desde el hotelito de Galdós, y la general de la playa y península, nos muestran la fisonomía de la zona hacia 1915. Si aplicamos sobre el mapa 3D de Google los datos de ubicación de “Villa Elena” a partir de los lindes, comprobamos la cercanía con “San Quintín”. 
 

 




 
Olimpia Agosti, la autora del cuadro 
Ya sabemos que César tenía una hermana y una sobrina llamadas Olimpia. También una hija que llevaba por nombre el de Concepción Olimpia. Esta joven es la autora del cuadro paisajista dedicado a Galdós. 
Sabemos que algunos de los miembros de la familia Agosti eran artistas de teatro aficionados, también lo era Olimpia Agosti García. 
 
A partir de 1893 aparecen en la prensa noticias sobre esta joven, principalmente en periódicos de Santander y casi siempre del mes de agosto. La familia de César Agostí, afincada en Madrid, viajaba todos los veranos a Santander. 
«Ayer, con motivo de ser los días de la distinguida señora de Agosti, varias familias de la localidad y de la colonia veraniega pasaron un agradabilísimo rato en la linda, cómoda y agradable morada de nuestro amigo César [Agostí]. Celebróse allí una fiesta divertidísima, una velada teatral muy bien preparada. (…) Con los jóvenes citados hicieron las delicias de la concurrencia, interpretando muy bien las obritas representadas, la hermosa joven Olimpia Agosti y la bella señorita Justina Saravaque». 
La Atalaya. Santander, 19 de agosto de 1893.

La relación de Galdós con los Agostí queda refrendada en esta noticia. Además, se hace visible el interés del escritor por el arte interpretativo de Olimpia. 
«Teatro Elena. – Ayer, con motivo de celebrarse los días de la señora Agostí, se inauguró el lindo teatrito construido por varios jóvenes veraneantes en la posesión que la amable festejada ocupa en la Magdalena. (…) Juan Corona, excelente violinista, y un aventajado discípulo del señor Larrea, acompañándolo al piano, cerraron la parte musical y dejaron paso al verdadero acontecimiento: la representación de “Los Hugonotes”. Resultó esta inmejorable por todos conceptos: Olimpia Agostí, guapísima y hecha una mujer dominante (…) La ejecución esmeradísima, inmejorable. Olimpia Agosti encontrando efectos donde las mejores actrices no los han visto, y todos los demás cooperando al buen éxito que se esperaba. Baste decir que el ilustre Benito Pérez Galdós fue el primero en felicitarles con entusiasmo, y aun pareció animado a dar un monólogo original e inédito para otra función. Terminada la de ayer, fueron pasando los espectadores al buffet, espléndidamente servido, como corresponde al buen gusto de los señores Agostí». 
El Atlántico. Santander, 19 de agosto de 1894.

Que las noticias coincidan en día, pero de años diferentes, tiene que ver con la celebración del día de Santa Elena, en honor de la madre de Olimpia. 
«Buen ejemplo de ello ha sido la fiesta celebrada el día de Santa Elena, nombre de la señora de la casa, en el magnífico chalet del acaudalado propietario don César Agostí. (…) ». 
Olimpia tenía 18 años en 1893. Don Benito, ya cumplidos los 50, no hacía mucho que había estrenado su hotelito santanderino. 
 
¿Compartiría Olimpia los momentos en que Galdós se dedicaba a pintar? ¿Sería el cuadro una muestra de agradecimiento por las enseñanzas recibidas del novelista? ¿Le admiraba como a un padre? Recordemos que César Agosti tenía la misma edad que Don Benito. 
 
Surgen otra vez los interrogantes. Preguntas difíciles de responder y que forman parte de las historias anónimas guardadas en objetos antiguos. 
 
En memoria de Olimpia Agosti García.
 
 
Eduardo Valero García
 
 
 
Bibliografía y Cibergrafía

[1] CALERO DELSO, Juan Pablo (2018) "Valentín Acevedo Calleja". En: Diccionario Biográfico de la Guadalajara Contemporánea. Consulta: febrero de 2021. Disponible en: http://bioguada.blogspot.com/2018/01/valentin-acevedo-calleja.html
 

[3] Carta de Olimpia a Pérez Galdós. Casa-Museo Pérez Galdós. 

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "Olimpia Agosti y un paisaje para Galdós.", en https://www.benitopérezgaldós.com/

• Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
• En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
• De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de esta publicación.

 


© 2021 Eduardo Valero García


domingo, 20 de diciembre de 2020

Las cartas de Pérez Galdós a Pardo Bazán.

Comparaciones necesarias y aclaraciones fundamentales  



 
    En las recientes noticias sobre las cartas de Benito a Emilia que se han convertido en novela de misterio, surgen voces disonantes sobre la veracidad de todo lo que se cuenta. Inmersos en encontrar la procedencia cierta de este legado, nos encontramos con robos, afirmaciones dudosas, recuerdos lejanos y rumores seguramente distorsionados por el paso del tiempo. 

    Mientras no se conozca más sobre este asunto o consigamos comprobar la autenticidad de los documentos, no podemos negar ni ignorar lo que se cuenta, pero tampoco convertirlo en una verdad categórica. Por eso es necesario analizar este asunto sobre una base más consistente, olvidando -si es posible- la frase que parece haber quedado grabada en la memoria del librero Guillermo Blázquez. 

 

Leer a Galdós 

    Los datos ofrecidos por el reputado librero a la Cadena SER corresponden a sus recuerdos de hace unos treinta años. Acostumbrado a ver documentos antiguos, indica que pudo leer en pocos minutos unas cartas de Galdós. Señala, además, que «Me mostraron un estuche con las cartas, calculo que habría entre 70 y 80» y que algunas tenían «el sello de las Cortes», dato irrelevante porque, a estas alturas, la mayoría de la gente sabe que Galdós fue diputado a Cortes por Puerto Rico entre 1886 y 1890; después por Madrid en las legislaturas 1907-1910, 1910-1914 y por último diputado por Las Palmas de Gran Canaria: 1914-1916. Algunos de estos periodos se corresponden con la relación de amistad y después amorosa con Emilia Pardo Bazán. Incluso existen unas cartas de doña Emilia dirigidas al escritor entre 1907 y 1915. 

 

 

    El siguiente audio es una síntesis de la entrevista, quizá muy desenfadada para la importancia de la noticia. 

 

    Leer la letra de Galdós es tarea complicada, y mucho más reconocer de carrerilla el contenido de un manuscrito suyo. Así lo han asegurado personalidades del mundo galdosiano que estudiaron profusamente el epistolario durante muchos años. Ellos, así como los herederos del escritor, pueden diferenciar las cartas oficiales de las sentimentales, o dirigidas a amigos, por el tratamiento que utilizaba Galdós en cada una de ellas. Esto no quiere decir que se dude de la profesionalidad del señor Blázquez, pero muy a la ligera ofrece la frase sobre los gustos gastronómicos de Galdós, aunque se justifique restándole importancia.

    Sebastián de la Nuez decía de la letra de Pérez Galdós al referirse a su correspondencia con Teodosia Gandarias (ver vídeo en este trabajo): 
    «Resulta un documento importante porque están todas las cartas copiadas e interpretadas, o sea, tenía una letra [Galdós] muchas veces infernal, que nos ha costado bastante trabajo deducir cual es su texto verdadero». 

 

Cartas íntimas 

    Mucha gente es partidaria de que las cartas íntimas de Pérez Galdós a Pardo Bazán no se publiquen. Ni el propio Galdós lo hubiese aprobado, puesto que era muy discreto y tomaba todas las precauciones; incluso la de pedir a los destinatarios que se las devolvieran o las destruyeran. A este respecto, leemos dos cartas muy significativas escritas por Galdós a Concepción Morell en 1892:

«¿Apostamos a que no has hecho lo que te dije de romper las cartas? Si no lo has hecho, hazlo por favor, no seas descuidada; aprende a vivir. Cuando me contestes di si has roto los papeles […] Romperás las cartas y esta principalmente, después de enterarte». 

«La carta que te mando es de amigo, pero de amigo que se interesa por ti, de amigo cariñoso. No puede ser de otra manera. Carta de amante no puede ser. No sé cómo se te ha ocurrido tal disparate. Porque las cartas de amor no se enseñan». 

    Por Emilia Pardo Bazán sabemos que a ella también se lo había pedido, o al menos le había indicado que se las “restituyera”. 

    La devolución o destrucción pudo ocurrir, por ejemplo, con la correspondencia de Teodosia Gandarias a Galdós. Sebastián de la Nuez decía en un vídeo publicado en Cervantesvirtual: 
    «Pero actualmente yo tengo, se han ido comprando otras colecciones, que han ido aumentando el valor de ese epistolario. Es Galdós a Teodosia, las de Teodosia a Galdós se perdieron. O las rompieron, porque son muy íntimas, son realmente preciosas». 
 
    Se refiere a las conservadas por la hija del escritor: 
    «Uno de mis hallazgos más importantes fue una última compra que se había hecho a la hija de Don Benito Pérez Galdós y que estaba escondida en un baúl y los herederos, los nietos y los biznietos, vendieron todo lo que estaba allí». 

 

 

    En efecto, aquel baúl salió de la calle Velázquez, 15, residencia de Benito Verde Pérez-Galdós, con destino a la Casa-Museo. Iba acompañado por el retrato de Galdós pintado por Joaquín Sorolla, la carátula de Voltaire. 

    María Pérez-Galdós Cobián tuvo amistad con Teodosia Gandarias. Tal fue el afecto profesado, que los gastos del entierro de Teodosia los costeó la hija del escritor. Recordemos que Galdós la había incluido en su testamento, pero, desgraciadamente, ella falleció el 31 de diciembre de 1919 y Don Benito cuatro días después. 

    María recibió de los familiares de Teodosia la correspondencia que mantenía su padre con ella, además del gramófono y los discos (entre 60 y 70) que la pareja escuchaba. La hija del escritor envió este legado a la Casa-Museo. 

    Volviendo a las cartas de Benito a Teodosia, de la Nuez valora este legado: 
    «Y allí había una cosa sorprendente. Galdós siempre decía que él no contestaba a las cartas, que era muy pesado, y tal. Pero esto eran 260 cartas a una amada de él. Por lo que en la investigación se ha visto, Don Benito no se casó nunca, tuvo una hija que reconoció hacia el final de su vida, la madre se volvió loca… Pero esta última, por fin pudimos editarla. Resulta un documento importante porque están todas las cartas...». 

    La existencia de estas cartas puede razonarse. La correspondencia conocida se extiende desde 1906 a 1915, época en que Galdós se interesará por el epistolario como parte de su legado. En 1914 le dice a Ramón Pérez de Ayala en carta del 22 de diciembre: 

«Como el tiempo pasa, deseo saber en qué estado se hallan el proyectado libro del Censo de mis obras, y no los no menos interesantes del Epistolario». 

    Luis Verde Muntan, bisnieto de Galdós, recuerda la visita de personas estudiosas de la vida y obra del escritor que pasaban por la casa de su abuela María para revisar manuscritos y correspondencia. Asegura que las cartas íntimas nunca se enseñaban. 

    Dice Verde Muntan que esas visitas no quedaban solas en ningún momento, siempre había alguien de la familia vigilando para evitar descuidos o hurtos; incluso él hizo de vigilante en varias ocasiones. Recuerda, como anécdota, la buena merienda y las pesetas recibidas de su abuela por la labor realizada. 

    El celo de los herederos de Galdós sobre su legado es tal que todo quedó debidamente anotado, incluidas las posteriores ventas, donaciones y cesiones. 

 

La importancia del epistolario 

    La frase que dice haber leído el señor Blázquez alimenta el morbo y parece oportunista; no imaginamos a Galdós siendo tan explícito. Así quedó reflejado en un comentario en Facebook: 
    «Una dama que escribe “Espero que se repitan aquellas escenas deliciosas. No hemos hecho más que arrimar la manzana a los dientes, esta es la verdad, no hemos agotado, ni siquiera bebido a boca llena el dulce licorcito que nos podemos escanciar el uno al otro” (sugerente, como el huevo y Fortunata), no recibiría por respuesta frase tan burda como la recordada por el librero». 

    El librero termina por quitar hierro al morbo de la frase, pero lo traslada al hecho de que produce uno mayor el saber que las cartas existen, pero no se dan a conocer. ¿Qué se pretende?, ¿especular con el valor de la colección?

    El lenguaje y las expresiones del escritor en las cartas íntimas conocidas carecen de todo erotismo; son frases sugerentes, sutiles, con significados que el receptor sabe interpretar y comprende. Los siguientes ejemplos corresponden a cartas escritas a Teodosia entre 1906 y 1907. 

«Mañana iré, pase lo que pase. […] Mañana oiremos juntos el gramófono. ¡Ay, ay!». 

«Si mañana puedo llegar a ti, pondré remedio a este descuido. Lo que no hicimos antes lo haremos en días próximos».

«Con ésta te anticipo ya infinitas caricias. […] Leeremos otras cosas, y charlaremos, y haremos lo que nos dé la gana en nuestra feliz soledad».

    Lo importante en las cartas íntimas son los diálogos, el pensamiento y la opinión, con el mismo interés y relevancia las escritas a María, Concepción y Teodosia o entre dos grandes literatos. 

    Los datos que puedan ofrecer las supuestas cartas de Galdós a Pardo Bazán son fundamentales para situar a ambos en un momento de la historia, de sus vidas y de sus obras. Esto es lo que interesa a estudiosos e investigadores. 

    No se puede obviar el excelente trabajo realizado por Alan E. Smith, María de los Ángeles Rodríguez Sánchez y Laurie Lomask para el libro Benito Pérez Galdós. Correspondencia (Cátedra, 2016) o los de María de los Ángeles Rodríguez Sánchez sobre el estudio del epistolario Pérez Galdós-Concepción Morell. 

    Sobre esta autora, es importante tener en cuenta el reciente comentario que ha ofrecido en el grupo de Facebook dedicado a Benito Pérez Galdós y el Mundo Galdosiano: 
    «Suena todo tan extraño, “todo el mundo sabía que las tenía”, sería en los cincuenta, posteriormente no era común esa localización, y sé, con certeza, que se han buscado. Por otro lado, roban un documento importante en un archivo particular y no se dice nada hasta más de sesenta años después. Entre tanto nadie las ha publicado, ni casi se ha hablado de ellas, hasta que un librero dice haberlas visto, sin más confirmaciones... Todo suena extraño, confuso y tengo la sensación que oportunista.... Lástima que tengamos que hablar de estos dos grandes escritores por este tema, y no por comentar su obra». 

 

Los rumores 

    Decía Galdós a Concepción Morell: 

«Has hablado de amistad íntima, aumentada o estrechada con las murmuraciones. ¿Tú sabes bien lo que esto significa?» 

    Murmuraciones, cotilleos, leyendas, rumores; inconsistencias que pueden acercarnos a una verdad o convertirse en una mentira absoluta. Las nuevas tecnologías han creado términos para la rumorología, las muy de moda “fake news”; los bulos que la RAE define como «Noticia falsa propalada con algún fin». Por cierto, la acción del verbo propalar es: «Divulgar algo oculto que generalmente se considera negativo». Hasta ahora lo único positivo que podríamos hallar en todo esto es que dieran a conocer las cartas. 

    En favor de los periodistas autores de las noticias sobre estas cartas, reconocemos que los datos que han recibido están cargados de contradicciones, similitudes con otros hechos o turbias y oportunistas especulaciones que ocultan algún fin. 

    Existe una coincidencia sobre los rumores del epistolario de Galdós en los que, curiosamente, entra en juego la familia Baroja. Distan más de setenta años entre un rumor y el que se ha conocido ahora. El más actual hace referencia al escuchado hace treinta años y que aparece en la noticia publicada el pasado 11 de diciembre en El País. Dice así: «Trapiello recuerda además que hace tres décadas, más o menos cuando Blázquez leyó las cartas galdosianas, escuchó a la librera Herminia Muguruza comentar con Julio Caro Baroja que se pedía un dineral por las cartas de Benito Pérez Galdós a Emilia Pardo Bazán». 

    En absoluto dudaremos de lo indicado por Andrés Trapiello, quien dice haber sido testigo de aquella conversación. No es la intención rebatir su comentario, sino únicamente razonar a partir de hechos conocidos -que los hay-, y que permanecen escritos. Me refiero a lo publicado por Luis Bonafoux en El Heraldo de París (1902) sobre la relación de Galdós con Concha Morell que podéis leer en las páginas 287 a 289 de Benito Pérez Galdós. La figura del realismo español, donde, además, se dice lo siguiente: 

«No puedo afirmar que este recibiera información de la propia Concepción Morell, a pesar de asegurarlo Pío Baroja en Desde la última vuelta del Camino donde, al referirse a Bonafoux y la relación Galdós-Morell, dice: 

«Tenía un archivo de cartas y de periódicos de todo el mundo y muchos datos acerca de los escritores españoles. Una vez en el bar Criterion de la estación de San Lázaro, mientras él esperaba el tren de las afueras, comenzamos a hablar de Galdós, y Bonafoux lo puso por los suelos. Se había portado, según él, de una manera indigna con una muchacha abandonada que vivía en Santander y que tenía un nombre judío. Creo que Ruth, Ruth Muller o Ruth Morel». 

Al parecer, según Pío Baroja, Bonafoux le había enseñado cartas de Morell. ¿Una verdad? ¿Un pretexto para difamar la figura de Galdós?» 

    Pío Baroja; después su sobrino, Julio Caro Baroja; rumores sobre cartas de dos mujeres: para Pío, las de Concepción Morell; para la librera Muguruza a Julio, las de Emilia Pardo Bazán. 

    Mucha casualidad, ¿no? Más cuando, según los datos cronológicos ofrecidos por el librero Guillermo Blázquez, ratificados por Trapiello, el comentario a Julio Caro Baroja se hace el mismo año o al siguiente de haber ingresado el legado Agustín González de Amezúa en la Real Academia Española.

 

Sobre el legado Agustín González de Amezúa 

    La documentalista y bibliotecaria María Isabel Sánchez García, ofrecía en 2018 toda la información sobre este legado en el blog de la Sociedad Española de Documentación e Información Científica. Los datos ofrecidos se citan en este capítulo. 

    Sabemos que en la donación no están incluidas las cartas de Galdós. Esto ha sido ratificado por los herederos en la noticia de El País del 15 de diciembre, asegurando que las supuestas cartas de Galdós a Pardo Bazán fueron robadas: «No recuerda el momento con precisión, pero cree que esta correspondencia fue robada de la biblioteca de su padre. Relata que debió ser en un descuido: “Tal vez las dejó en una mesa y alguien entró y se las llevó”. Otra de las personas consultadas para este reportaje conocía la versión del robo que cuenta la hija del académico. Pero añade un poco más de misterio. “En la división de la herencia se traspapelaron muchos documentos”, asegura esta fuente». 

    Conocemos que parte de la documentación recibida por la RAE estaba desordenada. Corresponde a los legajos de Menéndez Pelayo que González de Amezúa identifica con el número 1 en la lista del testamento ológrafo: «Tres legajos de papeles y estudios de apuntes autógrafos de Menéndez Pelayo para diferentes obras suyas». 

    Así lo asegura la Academia en el portal digital de sus archivos: «Los tres legajos de apuntes autógrafos de Menéndez Pelayo se recibieron completamente desordenados. Formaban tres atados de papeles entremezclados, más que legajos propiamente dichos, por lo que la primera descripción que se hizo fue aproximada. Una revisión posterior permitió clasificar y ordenar los documentos…». 

 

http://archivo.rae.es/index.php/legado-de-agustin-gonzalez-de-amezua

 

    También aseguran que no ingresaron en la Academia los documentos que González de Amezúa identifica en la lista con el número 7: «Correspondencia literaria donde se contienen cartas de Menéndez Pelayo y otros escritores interesantes, contenidas en unas carpetas». No ingresó nunca a la RAE. ¿Por qué? ¿Incluiría las cartas de Galdós? 

    En el punto 2 de la lista, González de Amezúa apunta: “Una correspondencia amorosa de «una célebre escritora con otro famoso novelista»”. Son las treinta y ocho cartas de Pardo Bazán a Galdós, ya digitalizadas, y que en su momento fueron publicadas por Carmen Bravo Villasante en 1974, cuando el legado aún no había ingresado en la RAE. 

    La descripción literal, según testamento, es la siguiente: «Una correspondencia amorosa de una célebre escritora con un famoso novelista, encerrada en un sobre de cartón con el título «Verlagsanstalt und Crukerei A», muy interesante para la biografía de ambos». 

    Ante el desconocimiento de temas hereditarios, ¿pueden los herederos manipular aquello que ha sido expresamente donado por testamento ológrafo? 

    Llegados a este punto podemos tener la sensación de que esto se va tornando “amarillento”, y no exactamente por la tonalidad del papel según va envejeciendo. Pero también se va volviendo todo más confuso. 

 

 Cronología de los legados conocidos 

    Basándonos en los datos ofrecidos por María Isabel Sánchez García; los correspondientes al archivo de la RAE; los obtenidos de otras fuentes y archivos; los verificados en antiguas y recientes noticias de periódicos, y las consultas hechas a los herederos de Pérez Galdós, podemos hacer una cronología aproximada sobre los legados conocidos. 

  • 1936 – Jaime Quiroga y Pardo-Bazán y el hijo de este son arrestados y fusilados.
  • 1938 – Se supone que en esta año se queman en el Pazo de Meirás las cartas de Galdós y otros documentos. 
  • Principios de los años 40 – Se produce el robo de las cartas en la casa del académico. 
  • 1943 – Se publican las cartas de Pérez Galdós a Mesonero Romanos. 
  • 1951 – El Museo Canario publica el catálogo La Biblioteca de Benito Pérez Galdós, realizado por Hyman Chonon Berkowitz. 
  • 1953 – Agustín González de Amezúa redacta y firma testamento ológrafo: «Lego a la Real Academia Española, en levísimo testimonio de gratitud por haberme honrado tanto llamándome a ella, y como pequeña expresión del grande afecto que la guardé siempre, los objetos, papeles, estudios y cantidades que dejo reseñadas en la adjunta lista escrita en máquina, rogándola que se sirva aceptarlos y con un saludo cordial para mis compañeros. Madrid, 25 de octubre de 1953. A. González de Amezúa [firma y rúbrica]». 
  • 1956 – El 10 de junio fallece Agustín González de Amezúa. 
  • 1959 – Fallece Manuela Esteban-Collantes Sandoval, condesa de Esteban Collantes, esposa de Jaime Quiroga y Pardo-Bazán. 
  • 1969 – Se exhiben manuscritos, autógrafos y cartas de Galdós en la Semana Galdosiana celebrada en el Real Club Náutico de Gran Canaria. 
  • 1970 – Fallece María de las Nieves (Blanca) de Quiroga y Pardo-Bazán, III condesa de Pardo Bazán (Título oficial: II condesa de Torre de Cela). Su hermano Jaime había fallecido en 1936 y su hermana María del Carmen en 1935. 
  • 1971 – Se publican en un periódico mejicano tres cartas de Pardo Bazán a Galdós. 
  • 1972 – Fallece María Pérez-Galdós Cobián, hija de Benito Pérez Galdós. 
  • 1972 – Los herederos de Pérez Galdós envían a la Casa-Museo Pérez Galdós un baúl que contiene epistolarios y otros manuscritos y libros. Iba acompañado por el retrato de Galdós pintado por Joaquín Sorolla y la carátula de Voltaire. 
  • 1973 – Inicios de los Congresos Internacionales Galdosianos. 
  • 1973 – Una noticia habla de la desaparición de los expedientes de Galdós del Instituto de La Laguna. El director de la “Casa de Galdós” indicaba que podrían encontrarse en la “Universidad de La Laguna”. 
  • 1974 – Carmen Bravo Villasante publica las cartas de Emilia Pardo Bazán a Galdós. Se corresponden con las que conserva la RAE, aunque la biógrafa nunca dio a conocer la procedencia de estas. 
  • 1978 – En febrero se produce un incendio en las dependencias del ala izquierda del Pazo de Meirás. Las noticias hablan de la pérdida de varios objetos y documentos pertenecientes a Franco que habían sido traídos de El Pardo después de su fallecimiento. 
  • 1978 – En octubre se conoce la noticia de la donación de 7840 libros pertenecientes a la biblioteca de Emilia Pardo Bazán. Fue donada por Carmen Polo a la Real Academia Gallega. El Diario de Burgos del 1 de octubre indicaba: «Entre las piezas que componen la donación no sólo figuran libros sino también boletines de las provincias gallegas del siglo pasado y otros documentos de gran valor histórico». 
  • 1979 – En noviembre se celebra el acto oficial de entrega de los libros a la Real Academia Gallega. En los discursos pronunciados se dio cuenta de la composición de la donación; no se hizo referencia a manuscritos ni epistolarios. 
  • Entre 1971 y 1983 - Walter T. Pattison identifica en la Casa-Museo Pérez Galdós un total de nueve cartas inéditas de la correspondencia de Pardo Bazán a Pérez Galdós. En la actualidad se conservan en la Casa-Museo cuarenta y seis cartas. 
  • 1989 – El 10 de junio ingresa en la RAE el legado Agustín González de Amezúa. No está completo y algunos documentos aparecen desordenados. Incluye treinta y ocho cartas de Pardo Bazán a Galdós. 
  • 1989-1990 – Años aproximados en los que el librero Guillermo Blázquez tiene acceso a las cartas de Galdós a Pardo Bazán y Andrés Trapiello escucha el comentario hecho por la librera Muguruza a Julio Caro Baroja. 
  • Años 90 – La RAE realiza el inventario del legado Agustín González de Amezúa. 
  • 1990 – El Cabildo Insular de Gran Canaria publica el libro Biblioteca y archivo de la Casa-Museo Pérez Galdós, de Sebastián de la Nuez, en el que se compara el realizado por Hyman Chonon Berkowitz. 
  • 1995 – El 18 de agosto fallece Julio Caro Baroja después de una larga enfermedad. Hacia 1996 – Se traspasa la Librería Pérez Galdós. 
  • 2013 - Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández publican Miquiño mío. Cartas a Galdós (Editorial Turner, Noema. 2013), que contiene un total de 93 cartas. 
  • 2016 – En la Casa-Museo Pérez Galdós se presenta el libro electrónico Cartas de amor clandestino (y pública amistad) en la que aparece un total de 93 cartas. 
  • 2018 – La RAE publica en el portal digital de sus archivos la descripción del inventario legado por Agustín González de Amezúa. 
  • 2019 – 2020 – El Cabildo de Gran Canaria aprueba la propuesta de adquisición de 36 cartas de Galdós a su hija María, los manuscritos de las novelas La de Bringas (1884) y La Familia de León Roch (1878), grabados dedicados a Galdós y realizados por Vicente Blasco Ibáñez y Josep Llovera i Bufill, dos grabados de la colección privada de Galdós, uno de CR Leslie y otro de Leopold Flameng, 13 grabados originales a pluma de los Episodios Nacionales Ilustrados y otros 40 grabados originales de los Episodios Nacionales sin enmarcar. Todos de propiedad de los herederos de Galdós. [https://www.canarias7.es/cultura/el-cabildo-adquiere-36-cartas-de-galdos-a-su-hija-maria-FN8528430]
  • ¿? – Desconocemos en qué momento ingresan en la Biblioteca Nacional de España cinco cartas de Pardo Bazán a Pérez Galdós, fechadas posiblemente entre 1887 y 1891. 
 

http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000200019
 

    Con esta cronología aproximada advertimos que las cartas de Pardo Bazán, coleccionadas por Agustín González de Amezúa, son vistas después del fallecimiento de este y publicadas mucho antes de ser entregadas a la RAE. 

 

Los herederos de Pardo Bazán 

    Emilia Pardo Bazán fallece en 1921. Hereda el condado su hijo Jaime, quien es fusilado junto al nieto de la escritora en 1936. Hereda su hermana María de las Nieves (Blanca) Quiroga y Pardo-Bazán, III condesa de Pardo Bazán (Título oficial: II condesa de Torre de Cela), quien fallece sin descendencia en 1970. En 1959 había fallecido su cuñada, Manuela Esteban-Collantes Sandoval, condesa de Esteban Collantes. 

    Entendemos que todas las pertenencias familiares y propiedades estaban en poder de las citadas, quienes pudieron hacer de ellas lo que les pareciera conveniente. En BOE del 22 de agosto de 1968 se publica la aceptación del legado de Manuela Esteban-Collantes Sandoval al Museo Provincial de Bellas Artes de La Coruña, consistente en un retrato suyo y un antiguo tapiz titulado “De la muerte”. 

    A partir de aquí podemos entrar en la farragosa historia del Pazo de Meirás, tan popular en estos días y en la supuesta donación de este a Francisco Franco, hecha por las dos señoras, según dicen; y la biblioteca, supuestamente obsequio de Blanca Quiroga al dictador. 

    Revisadas las noticias de la época, en ninguna de ellas encontramos referencias a la donación del Pazo de Meirás por parte de Blanca Quiroga y su cuñada; sin embargo, existe una que hace referencia a la donación del castillo de Santa Cruz. Aparece publicada en Hoja Oficial del Lunes del 25 de octubre de 1943: «Añade que para continuar el camino iniciado cuenta con el amor de los coruñeses y su caridad. Resalta el apoyo que ha encontrado en la marquesa de Cavalcanti, quien heredó de su madre la ilustre escritora doña Emilia Pardo Bazán los rasgos de amor y caridad, y recuerda como donó el castillo de Santa Cruz para los huérfanos de caballería». Estas palabras las había dicho el señor Molina Paz, presidente del Patronato de Caridad, el día que se inauguraba el pabellón “Marquesa de Cavalcanti”, al que asistió la homenajeada. 
 
En 1956 había cedido la casa coruñesa de su madre (calle Tabernas) a la Real Academia Gallega.


Cartas de Pardo Bazán a Pérez Galdós y viceversa

    De las cartas de Emilia Pardo Bazán se han publicado un total de 93 en el libro Cartas de amor clandestino (y pública amistad) 2016, Hora antes editorial. En principio, corresponden a los archivos de la Real Academia Española (ya citados), Biblioteca Nacional de España y Casa-Museo Pérez Galdós. Aunque no lo indican, podemos suponer que algunas cartas corresponden a colecciones privadas. 

    El investigador Juan Ávila Arellano, en su ponencia Doña Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós en 1889. Fecunda compenetración espiritual y literaria (IV Congreso Internacional de Estudios Galdosianos. 1990), indicaba que habían aparecido tres cartas publicadas en el periódico mejicano El Excélsior (14 de noviembre de 1971), estudiadas e identificadas cronológicamente por el profesor Walter T. Pattison. Este último añadirá alguna carta inédita más, encontrada en la Casa Museo Pérez Galdós. En 1983 aparecen seis cartas más, correspondientes al otoño-invierno de 1891. 

    En el mencionado libro, María Eugenia de la Nuez Bird, inserta la siguiente cita en el prólogo:
    «Sobre la desaparición de las cartas de Galdós a doña Emilia. Galdós le pidió a la escritora que le devolviera algunas cartas apasionadas, tal como ella comenta: «(…) cuando adquirí el convencimiento de que te inspiro verdadera pasión, con todos los caracteres de tal, ha sido de dos meses para acá; mejor dicho, desde que me escribiste aquellas epístolas que te restituí». (Carta La Coruña 27 de abril 1889). Sobre el resto, no se sabe: ¿las hicieron desaparecer los hijos de Pardo Bazán?, ¿las quemaron en Meirás cuando Franco y su familia tomaron posesión del Pazo?». 

    Es posible que Pardo Bazán restituyese las cartas, pero no todas; tal como indica el librero Guillermo Blázaquez al referirse a «entre setenta y ochenta». 

    Por su parte, Carlos Álvarez, dice en la Nota del editor de Cartas de amor clandestino (y pública amistad)
    «Como es sabido se trata de un epistolario demediado, mutilado. Desgraciadamente solo se conservan las cartas que ella le dirigió a él. Las cartas de Benito a Emilia nunca se han encontrado. Hace pocos años se supo que Germán Gullón confesó tener noticia fidedigna de que Carmen Polo en una visita de inspección que hizo al Pazo de Meirás en 1938, poco antes de que el Ayuntamiento de La Coruña se lo 'regalase' al dictador, había ordenado quemar toda la correspondencia de la escritora. En la pira acompañaron a las cartas de Galdós las de Menéndez Pelayo, Lázaro Galdiano, Blasco Ibáñez, Giner de los Ríos o Leopoldo Alas entre otros, según narra Eva Acosta en la biografía de la escritora gallega —La luz en la batalla, Editorial Lumen, 2007—». 
 
    El 11 de diciembre La Voz de Galicia se hace eco de la noticia. Transcribo el comentario de Isabel    Parreño, autora junto a Juan Manuel Hernández del libro Miquiño mío. Cartas a Galdós
    "Parreño recuerda que, respecto al destino de las cartas de Pérez Galdós, ha habido muchas teorías. La teoría más factible es que fueran destruidas en la casa donde vivía Emilia Pardo Bazán en la calle Princesa de Madrid, que fue saqueada durante la Guerra Civil. «También pudo ser que cuando murió, sus hijas descubrieran esa correspondencia y no les interesara hacerla pública ya que estaba casada cuando mantuvieron esa relación, y las hicieron desaparecer». Y sobre la leyenda de que fueron quemadas por Carmen Polo en el Pazo de Meirás, Parreño dice que «queda muy bonito pero… no creo que leyera las cartas y decidiera quemarlas porque dijera que eran inmorales. Sí que quemaron papeles, facturas y no sé si se quemaron también, pero me parece raro». Y recuerda que a ella le contaron que la nieta de Franco dijo que en el Pazo de Meirás había cosas personales de Pardo Bazán que metieron en una caja y dieron a su hija. «No sé si en esa caja estaban las cartas… me gustaría saberlo»".  

    En La Razón del 13 de diciembre se especula sobre la posibilidad de que las cartas fuesen robadas del domicilio de Jaime Quiroga y Pardo-Bazán durante los sucesos de 1936, mediando quince años desde el fallecimiento de doña Emilia. Para entonces, es probable que todo el legado de la escritora permaneciera en el Pazo de Meirás, incluida la correspondencia que mantuvo con varios literatos y otras personalidades, como referimos en la cronología (1978). 

    Por las características especiales que se observan en las cartas íntimas de Don Benito a las mujeres que formaron parte de su vida, es lógico dudar de la pericia de milicianos o saqueadores en identificarlas. 

   Cabe otra posibilidad, o elucubración, o razonamiento más acertado si se prefiere, al centrarnos en fragmentos de las citas anteriores. Comentaba Carlos Álvarez: 
    «En la pira acompañaron a las cartas de Galdós las de Menéndez Pelayo, Lázaro Galdiano, Blasco Ibáñez, Giner de los Ríos o Leopoldo Alas entre otros…», y recordaba Isabel Parreño que «…la nieta de Franco dijo que en el Pazo de Meirás había cosas personales de Pardo Bazán que metieron en una caja y dieron a su hija». 

    Volvamos al punto 7 de la lista adjunta al testamento ológrafo: «Correspondencia literaria donde se contienen cartas de Menéndez Pelayo y otros escritores interesantes, contenidas en unas carpetas». Recordemos que esa documentación no ingresó en la RAE. 

    Aquella caja quizás no tuvo por destinatario en 1938 a Blanca Quiroga y Pardo-Bazán sino que fue a engrosar la magnífica colección del académico. Más adelante podréis escuchara a Clara María González de Amezúa y Noriega, decir que a su padre «se las dieron». 

    Pobre los herederos, a los que les cae esta pesada losa sin tener arte ni parte. Posiblemente estemos hablando de un expolio, no fraguado, pero sí consentido. Después, el anuncio de un robo.

    Las indicaciones del librero, quien estuvo negociando con el supuesto ladrón, apuntan a familiares de González de Amezúa o de otros herederos de un académico con vivienda en el barrio de Salamanca. En definitiva, sólo él conoce al actual ¿"propietario"?.

    ¡Ay, Don Benito! ¡Si levantara la cabeza! En este asunto no puede estar mejor representada su obra, sus denuncias, las miserias de esta sociedad. 

 

El epistolario de Galdós en la Casa-Museo 

    En la página web de la Casa-Museo Pérez Galdós, dicen del epistolario: 
    «La mayoría de los fondos provienen en un primer momento de la adquisición mediante compra a la hija del novelista María Pérez Galdós Cobián. Posteriormente el Cabildo de Gran Canaria ha ido incrementando a lo largo de los años el legado documental con adquisiciones y donaciones diversas de particulares o familiares del escritor (como es el caso de la última compra de manuscritos, dibujos y grabados) o adquisiciones en subastas como el caso del manuscrito Electra en el año 2001. En los últimos años se han adquirido también las cartas de Pérez Galdós a Concha Morell y otros epistolarios que constituyen una gran fuente de información para investigadores y público interesado». 

    Al parecer se echa en falta un libro de registro que existía en la Casa-Museo. Esto ha sido ratificado por quienes alguna vez tuvieron la oportunidad de consultarlo. 

    Sebastián de la Nuez decía en otro vídeo publicado en Cervantesvirtual: 
    «El epistolario de Don Benito Pérez Galdós estuvo mucho tiempo sin ser estudiado, no se le daba importancia, puesto que él mismo, a Galdós, no le gustaba escribir, ni contestar sus cartas. Era muy pesado para Galdós estar atendiendo a tantos lectores. Entonces las cartas que iban apareciendo en el Museo Pérez Galdós, pues se amontonaban ahí sin una clasificación. Pero cuando se pudo penetrar en la casa de Don Benito, donde él había nacido, que se había ido acumulando con recuerdos, sus libros, muebles, que habían sido de Don Benito, incluso traídos de su casa de Santander, la finca de San Quintín. ¿Cómo comenzó a conocerse? Por aquella época estaba un investigador de la literatura española en general, que se llama José Schraibman, que estaba investigando, joven todavía, no había hecho la tesis, y lo conocí yo allí. Y nos aficionamos a clasificar ese epistolario. El epistolario ese no tuvo demasiado éxito, a pesar, de que tenía cartas muy interesantes, de Miguel de Unamuno, de José Martínez Ruiz “Azorín”, de Pío Baroja. No demasiadas, de otros escritores, Pérez de Ayala, o sea, gente que Galdós había conocido en su tiempo». 

 

  

 

    Cuando Galdós construye la finca San Quintín en Santander, lleva allí todos los manuscritos de sus obras, su biblioteca y demás enseres, incluidas fotografías y epistolarios. Desde 1912 hasta 1920 vivirá en la calle Hilarión Eslava con su sobrino José Hurtado de Mendoza; este ofrecerá al Museo Canario la donación de «los muebles de mi propiedad que constituían la alcoba de mi tío Benito Pérez Galdós, y que se encontraban en ella el día de su fallecimiento». 

    El museo aceptará la donación y la alcoba, junto a otros enseres del escritor, llegarán a Canarias a principios de 1921. Una noticia publicada el 24 de septiembre en el diario tinerfeño La Prensa daba cuenta de la donación, consistiendo ésta en mucho más que una alcoba. 

    En una entrevista realizada en 1933 a Rafaela González (ahijada de José Hurtado de Mendoza) constatamos que en aquellos años vivía en la casa de Hilarión Eslava, aunque su padrino había fallecido en noviembre de 1932. Recordaba Rafaelita las cartas que le escribía Galdós: 
    «—Estando yo en el colegio de Madrid—recibía a menudo cartas de Galdós, que estaba en su retiro de Santander. Cartas hermosísimas. Una de ellas la di al Museo galdosiano de Las Palmas. De esa carta publicaron el autógrafo todos los diarios de Madrid cuando murió Galdós. Es una carta muy bella. Pero, desde luego, no la única ni la más hermosa». 

    Finalizada la Guerra Civil, Rafaelita se exilió a México, donde al parecer se hizo pasar o era conocida como nieta de Pérez Galdós. Aunque es difícil precisarlo, quizás algunas cartas, como las publicadas en el diario mejicano El Excélsior o el lugar de procedencia de las de Concepción Morell, puedan tener algo que ver con Rafaelita. 

    Nada podemos asegurar, pero en este caso prima la lógica, sobre todo cuando las posibilidades son claras y asociadas a una persona que vivió con Galdós y en la casa que él habitó los últimos años de su vida. Rafaela González Muñoz falleció en 1996. 

 

Cortinas de humo 

    Mucho humo salía de la torre del Pazo de Meirás; tanto, que posiblemente sirvió de cortina para tapar negocios fraudulentos, expolios, y cualquier tipo de maniobra ajena a los herederos: sean estos los de Pardo Bazán, los de Pérez Galdós o el propio Estado. 

    Da la sensación de que en los años setenta, después de fallecidas Blanca Quiroga y María Pérez-Galdós Cobián, comienzan a aparecer cartas por todas partes, independientemente de las conservadas por González de Amezúa en época anterior. 

    En los ochenta aparecen algunas más, y a finales de esa década la presencia del librero en una casa donde le muestran las cartas de Galdós. Ahora dicen que las robaron antes del fallecimiento de González de Amezúa, y de la manera más tonta; sin embargo, los legajos de Menéndez Pelayo estaban todos revueltos y no ingresó a la RAE parte del legado. 

    Con todo lo explicado y el orden cronológico de diversos acontecimientos, esta historia del epistolario plantea muchas dudas. Si entre los años 30 y 40 el investigador Hyman Chonon Berkowitz realiza el inventario de la biblioteca perteneciente a Pérez Galdós, el interés de los bibliófilos debió intensificarse; por consiguiente, se abriría el mercado de blanqueo de documentos expoliados. 

    Ya hemos visto cómo pudo llegar el epistolario de Galdós a manos de Agustín González de Amezúa. Las últimas noticias, narradas directamente por Clara María González de Amezúa y Noriega, hija del catedrático, son clarificadoras. Según indica a la Cadena SER, las cartas fueron robadas en vida de su padre cuando ella era muy pequeña. Doña Clara María nació en 1929, por lo que el robo debió producirse a principios de los cuarenta. 
 
    Como ya sabemos, Agustín González de Amezúa falleció en 1959, por lo que resulta imposible que el librero Blázquez las viese en casa de esta familia, sino en la de quien se hizo con ellas o «un ilustre académico de prestigio internacional” —del que no quiere desvelar su identidad— había coleccionado corresponden al intercambio epistolar entre los autores», como aseguró a Cadena SER y se publicó en El País del 11 de diciembre. 
 
    Añaden, además: «Años después de aquella visita, los herederos del académico (el librero no sabe precisar qué relación familiar tienen con el coleccionista original) volvieron a contactar con Blázquez. Iban a vender la casa en el barrio de Salamanca —una de las zonas más adineradas de Madrid— donde guardaban la colección privada y le ofrecieron un lote de documentación». 
 
    ¿Quién es ese “ilustre académico” si el conocido estaba difunto? ¿Por qué dice no saber qué relación tenían los familiares con el coleccionista original? 
 
    Estas confusiones parecen ser intencionadas y no justamente por preservar la identidad del poseedor de las cartas. Es evidente que no sabe que está hablando con quien pudo haberlas robado o que su ambigüedad viene a cubrir ese hecho y los orígenes de la colección. Porque, si aquellos documentos fueron robados a González de Amezúa y no existió denuncia, todo apunta a que las cartas no fueron conseguidas de forma muy ortodoxa desde un principio. 
 
    La memoria se le aclara cuando indica al periódico que había comprado cartas de Galdós a sus herederos: «“Las cartas de Galdós que yo he tenido en mi poder las compré por unas 5.000 pesetas a los herederos del escritor”, dice, haciendo referencia a la librería Galdós de Madrid». 
 
    En todo caso, esa transacción la hubiese realizado don Benito Verde Pérez-Galdós, nieto del escritor, pero eso nunca ocurrió. Su hijo, Luis Verde Muntan, asegura que ese dato no es cierto. 
 
    Las dudosas afirmaciones y recuerdos del librero, no ratificadas por los herederos de González de Amezúa y de Benito Pérez Galdós, crean un escenario turbio, lleno de contradicciones y escasas coincidencias que las hagan verosímiles; aunque se intente disipar el humo con los pechos de Pardo Bazán. 
 
 
Conclusión 
 
    Este documento es, a grandes rasgos, una base para el desarrollo de posteriores investigación sobre el epistolario Pérez Galdós – Pardo Bazán. Mientras no aparezcan las cartas y puedan ser autenticadas, cualquier rumor carecerá de veracidad. Salvo información más contundente y aclaratoria, el beneficio de la duda no tiene cabida en asunto tan importante para el patrimonio cultural. 
 
    Por todo lo dicho, ajustado a la cronología, podemos concluir que las cartas de Benito Pérez Galdós a Emilia Pardo Bazán pueden proceder de actividades fraudulentas en su totalidad: Primero, un expolio; después, un robo. 
 
    Visto así, no es el momento de desear que aparezcan, sino la exigencia de que así sea y puedan someterse a estudio. 
 
Palabras finales: 
No proceden las noticias oportunistas como broche final del centenario. No lo merece Pérez Galdós. No lo merece Pardo Bazán de cara a la celebración del suyo. No lo merecen dos grandes personalidades de la literatura española. 
 
 
Para la contestación: 
Eduardo Valero García